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LimónApps | January 15, 2019

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Y después de la elección, ¿qué?

mimiPor Myriam Ruiz, periodista y docente de Periodismo UDD, realiza una pasantía como profesora visitante en la Brigham Young University, en Utah, Estados Unidos.

Hace poco más de dos meses vivo en Estados Unidos como profesora visitante en la Escuela de Comunicaciones de la Brigham Young University y, desde que llegué, el tema que domina la conversación de la gente con la que me relaciono en todos los lugares son las próximas elecciones presidenciales. Hoy escribo estas líneas a días de saber quién regirá los destinos de este país por los próximos cuatro años.

Hay variadas opiniones, pero el concepto general es la extraña situación que esta elección representa en la vida política de los norteamericanos, dominada habitualmente por dos tendencias que simbolizan valores, posturas y simpatías de uno u otro lado. Pero esta vez, las conversaciones empiezan casi disculpándose por la presencia de dos candidatos que, al parecer, poco representan el pensamiento tradicional y las posturas clásicas de la política americana.

Y es que tanto para republicanos como para demócratas nada será lo mismo después de la elección del 8 de noviembre.

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Esta semana un medio norteamericano de circulación nacional,  analiza profundamente al votante por Trump, y dice que, solo entendiendo su lógica, el partido republicano puede tener futuro.

Para los demócratas, en cambio, el fantasma de los correos electrónicos de Hillary Clinton y la sombra de Bernie Sanders no terminan de convencer a muchos de votar por la ex Primera Dama.

Ambos partidos se notan alejados de su naturaleza con estas candidaturas y sus militantes parecen converger hacia los extremos, porque dicen ya no creer en las posturas originales que los candidatos ofrecen hoy. Eso cambia radicalmente la tradición política de los Estados Unidos.

Por eso es que también hay otras tres candidaturas, una independiente ligada a los republicanos descontentos, otra de tendencia ecologista y otra declarada “libertaria”, que concitan interés entre los indecisos y que podrían dar una sorpresa a la hora del conteo final de votos.

Además, será difícil para cualquiera de los candidatos que gane poder gobernar con un Congreso que no parece muy dispuesto a los consensos. De eso ya supo el Presidente Barack Obama, quien se vio amenazado por la aprobación de su presupuesto en varias ocasiones en sus ocho años de gobierno. Pero, ciertamente, las profundas divisiones incluso dentro de los propios partidos pueden hacer aún más difícil el conseguir apoyo para gobernar a quien resulte elegido, por lo que la incertidumbre se instalará en la Casa Blanca junto con el nuevo gobierno.

Y ante tal clima de desconfianza, en esta campaña se impuso el chequeo de datos (fact checking) ante la necesidad de aclarar lo que los candidatos decían. La prensa se encargó por lo tanto de despejar las dudas del público, lo que se notó especialmente en los debates, donde los medios compitieron fuertemente en este campo. Acá el premio mayor tendría que ser para NPR, una organización de medios con financiamiento público-privado, y que genera contenidos para unas 900 estaciones públicas de radio en todo el país. Los periodistas de esta red trabajaron verificando cada una de las afirmaciones, defensas y acusaciones que Donald Trump y Hillary Clinton realizaron en sus tres debates, lo que ayudó a muchos a decidir su voto, basados en información fidedigna y comprobada.

En esta campaña las descalificaciones les han ganado a las propuestas, al tiempo que la mediatización de la política ha llegado a uno de sus puntos más altos con el uso intenso de redes sociales, videos, audios y correos desclasificados como herramientas de propaganda. La gente ya se acostumbró a escuchar cuan malo es uno u otro candidato, más que a tener claro qué propone cada uno en aspectos fundamentales de la vida de los norteamericanos, salvo el tema del muro en la frontera con México que propone Trump, porque eso ya se hizo casi un lema de campaña.

Por eso, es probable que ante tanta confusión la abstención aparezca como un factor a considerar, de eso ya supimos los chilenos en las recientes elecciones municipales. Pero también puede ser que después del 8 de noviembre los grandes conglomerados políticos comiencen su propia reestructuración y división, fortaleciéndose corrientes más extremas y nuevas ideas políticas, algo que también estamos viendo hoy en Chile.

Por eso estoy segura que los alumnos de Periodismo UDD que estarán reporteando las elecciones en Washington serán testigos privilegiados de un momento histórico para Estados Unidos, porque después de esta elección cualquier cosa puede pasar… Y estaremos en la capital de este país para contarlo con detalle.

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