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LimónApps | October 22, 2019

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Taxi vs UBER: El impacto real de las App

Por Ronit Rosenberg *

Avenida Apoquindo está, como de costumbre, atestada de autos. Es una selva motorizada: la calle ruge en bocinazos y en chirridos de frenos. Los semáforos apenas alcanzan a controlar a los cientos de santiaguinos apurados por llegar a sus destinos en plena tarde de lunes. Es una confrontación entre automovilistas estresados y Transantiagos repletos.

El parque automotor en Chile ha crecido 41% en cinco años, y se estima que para los próximos 15 aumentará 87%. Las autoridades han intentado hacerle frente ampliando la infraestructura de las autopistas, sin embargo, según Álvaro Miranda, académico de la Escuela de Transporte UTEM, esa es la estrategia equivocada.

“Estamos insertos en un problema complejo, porque desde hace más de 20 años venimos experimentando un crecimiento constante de las tasas de motorización. Si queremos buscar una solución sostenible en el tiempo y para el medioambiente, está en el transporte público”, explica Miranda. Pero hoy, eso suena como un escenario muy lejano. Hay 17 comunas de Santiago que quedan fuera del radio urbano, es decir, donde la tarjeta BIP no es una opción.

File illustration picture showing the logo of car-sharing service app Uber on a smartphone next to the picture of an official German taxi sign

Foto: Uniradio.com

Apps al rescate

Desplazarse en una ciudad que crece incesante en cifras de autos, donde el transporte estatal no cubre satisfactoriamente las necesidades de las personas, y en la cual el sistema de taxis tradicional es cuestionado, no es algo fácil. Esta descripción -que encaja en muchos países del mundo, no sólo en Chile- fue la razón principal que guió a Travis Kalanick y a Garret Camp a fundar UBER.

Lo que hace 10 años era impensado, hoy marca tendencia: Una aplicación desde el celular que permite pedir un vehículo las 24 horas del día, viendo en tiempo real su recorrido, la identificación del conductor, patente y conocer desde antes el valor del viaje. UBER y su parecida competencia española, Cabify (también con presencia en Chile), le venden al cliente más que un servicio de taxi. Le ofrecen una experiencia de recorrido como si tuviesen su propio chofer particular.

“Las personas se dieron cuenta que un servicio de transporte privado de alta calidad y seguro no es sinónimo de algo caro. Es más, las tarifas son bastante más económicas que los taxis”, afirma Matías Vilensky, research marketing manager de Cabify Chile.

Según Vilensky, el éxito, tanto de UBER como Cabify en diferentes ciudades alrededor del mundo, se atribuye principalmente a dos cosas: La gente destesta cada vez más manejar por el estrés que conlleva hacerlo en calles repletas sin estacionamientos disponibles, y un empoderamiento ciudadano de reclamar por sus derechos. Los taxis y radiotaxis son, una y otra vez, acusados por los mismos usuarios de malos tratos y aprovechamiento en las tarifas cobradas.

Es que UBER y Cabify han surgido en la era de las redes sociales. Y eso, sin planearlo, tal vez fue su mejor aliado. Antiguamente, reclamar o denunciar significaba rellenar formularios de empresas públicas o privadas manejadas por la burocracia. Formularios que no llegaban a puerto. Pero hoy, el escenario es completamente distinto. Alzar la voz está a solo un clic.

El número de vehículos inscritos de la app supera el parque de taxis. En Chile hay 24.500 vehículos amarillos con negro, y UBER alcanza los 25 mil. Esto responde a una creciente demanda y clara preferencia de los mismos clientes. Y mientras el gremio se ve amenazado, las denuncias de usuarios indignados en la web contra los choferes de autos amarillos con negro aumentan.

Un recorrido, dos mundos

Un auto gris marca Chevrolet Orlando se acerca al punto de inicio. El vehículo fue reservado un día antes, para las 13 horas desde Las Condes 11400 hacia Avenida Apoquindo con Padre Hurtado. El reloj marca las 12:50 y un hombre vestido con traje de ejecutivo y lentes oscuros se baja para abrir la puerta de atrás. Ya en el interior, equipado con botellas de agua y dulces, confirma el destino desde su celular con la aplicación Cabify.

En medio de la selva motorizada de Avenida Apoquindo, aparece un típico taxi amarillo con negro. No se alcanza a ver la señalética de si está disponible u ocupado. Pero tras un gesto, en medio del desborde de autos, el taxista hace una maniobra para acercarse a la acera. Antes de ingresar al vehículo, pregunta: “¿Pa´ dónde va?”. Conforme con la respuesta -Las Condes 11400- accede a realizar el recorrido.

“Yo antes trabajaba cuidando caballos en un fundo, pero cambié de rubro cuando un amigo me ofreció comprar hace un año este auto a medias. Yo lo manejo durante el día, él durante la noche”, comienza contando Manuel Carvajal, el chofer de Cabify. Él está consciente de la ardua polémica que se ha generado entre el gremio de taxistas y las app móviles, pero eso no lo ha hecho cambiar de opinión respecto de su nuevo trabajo. “Los taxistas deberían preocuparse de mejorar sus servicios en vez de querer eliminarnos a nosotros. Pero me tiene sin cuidado porque son los mismos clientes los que nos escogen a nosotros, y eso dice mucho”, afirma Carvajal.

Entre luces verdes y rojas, por Avenida Kennedy, Sergio Donoso, taxista hace 25 años, se molesta cuando se menciona la palabra UBER. “Es que las autoridades no se dan cuenta que un sistema ilegal nos está perjudicando. No es una competencia válida porque ninguno de ellos tiene el permiso para ser taxista”, cuenta Donoso. Respecto de las denuncias de malos tratos y excesos en tarifas, responde que “encasillar a todos los del gremio en un mismo saco es injusto”.

El recorrido de Cabify demora 20 minutos. El taxi, 35 minutos. Si hay dudas en la ruta seleccionada, la app móvil permite repasarla en la boleta que llega directamente por mail tras finalizar el viaje. Desde Las Condes a Apoquindo, el saldo cargado a la tarjeta de crédito es de $6.600. De regreso, Apoquindo hacia Las Condes, el taxímetro, incrédulo, marca $8.200.

*Ronit Rosenberg es alumna del Taller de LimónApps, de Periodismo, donde elaboró esta crónica.

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