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LimónApps | November 21, 2018

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“Siempre supimos que si la corte juzgaba en derecho, Chile iba a ganar”

Heraldo Muñoz, canciller del segundo gobierno de Michelle Bachelet, habló en la UDD del proceso y los alcances del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

El fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que consideró que Chile no tiene la obligación de negociar la demanda del país altiplánico sobre una salida soberana al mar, fue celebrado por casi la totalidad del espectro político, pues fue un proceso que se enfrentó a lo largo de los últimos gobiernos con equipos que no hicieron distinciones políticas y se alinearon bajo la misma tesis.

Para entender la dimensión y el alcance de este fallo en la política internacional de nuestro país, es que la Facultad de Comunicaciones organizó junto a la Facultad de Derecho de la Universidad del Desarrollo, un conversatorio moderado por Jean Palou, Periodista Sección Internacional Diario El Mercurio, y junto a Raúl Campusano, Director de Postgrado de la Facultad de Derecho UDD, y a uno de los protagonistas de este triunfo judicial, Heraldo Muñoz, exministro de Relaciones Exteriores.

El actual presidente del PPD recorrió parte del proceso de derecho internacional que tuvo una historia aparte en la política del continente debido a la estrategia comunicacional del presidente de Bolivia, Evo Morales. “Le pedimos a los países amigos que no interviniesen por Chile y les advertimos que Bolivia podía utilizar cualquier reunión o una foto como apoyo a su demanda”, contó.

-¿Influyó la estrategia comunicacional y política boliviana en la posición chilena?

-Muñoz: Se hablaba mucho comunicacional y políticamente, pero nosotros teníamos muy claro que éste era un caso jurídico. Siempre pensé que íbamos a ganar, aunque no por un fallo tan contundente, porque uno sabe que los jueces son aprobados por la ONU y votados en la Asamblea General, no son personas absolutamente neutrales sin perspectivas nacionales.

-¿Cuáles habrían sido las consecuencias de un fallo a favor de Bolivia?

-Muñoz: Nunca me puse en esa hipótesis, tenía confianza. Hubo una argumentación al final del caso en que dos prestigiosos abogados internacionales nos dijeron “denle una salida a la corte. Ya está claro que no hay una obligación de resultado y si ustedes no le dan una salida a la corte, lo pueden perder todo”. ¿La consecuencia? El sentarse a negociar implica una obligación explícita jurídicamente, se lo dijimos a la corte, porque el caso podía sentar un precedente para el resto del mundo.

-Campusano: Si uno lee con detalle el texto de las excepciones preliminares, de septiembre de 2015, puede observar que este juicio se iba a ganar y en el caso de que Chile perdiera no perdía nada, porque  la corte dice que no tiene jurisdicción para analizar, por ejemplo, el Tratado de 1904, que establece que Antofagasta es chilena por una decisión soberana de ambos estados. La condena sólo consistiría en ordenarle a Chile que se siente a negociar con Bolivia, pero no las características de esa negociación”.

-En estos temas siempre se dice que nada está acordado hasta que todo está acordado

-Campusano: La negociación es por excelencia la forma en que los estados resuelven sus diferencias internacionales. En la carta de la ONU, de 1945, capítulo sexto, quedó fuera la guerra como método de solución de los conflictos internacionales y se propone un sistema pacífico de solución de conflictos libre y abierto. El sentido de este sistema de solución de controversias es que los estados pueden negociar por siglos pero no pueden ser obligados. La sentencia es inapelable. Hubo tres jueces que no estuvieron a favor, y explicaron sus razones por escrito. Si uno estudia estas tres opiniones disidentes, uno se puede acercar a la posición de que Bolivia podría haber ganado.

-¿Por qué?

-Campusano: Los tres piensan igual que la mayoría de la corte en este caso, pero señalan una opinión que tiene mucho de emocionalidad: una gran pena por la realidad que le toca vivir a Bolivia. Pero lo que están haciendo es un llamado a las partes a que se sienten a negociar, no como jueces sino como ciudadanos del mundo.

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