Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

LimónApps | October 22, 2019

Scroll to top

Top

Rigth now get betting bonus from bookmakers
Sin comentarios

Reportaje Sumergi2: “Bajo el agua somos todos iguales”

La inédita iniciativa de un oficial de Carabineros dio vida a la organización gratuita Sumergi2, que pone acento tanto en la inclusión como en el deporte, al ofrecer buceo adaptado a personas con discapacidad física.

 Por Gabriela Santa María*

“Todo comenzó porque mi mejor amigo, Jorge Velázquez, quedó tetrapléjico. Cuando mi hija, la Renatita, se dio cuenta de la situación, me preguntó: ‘¿Por qué no lo llevas a bucear, si tú trabajas en eso?’ Ahí llamé al Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis) para saber si una persona con estas características podía realizar actividades subacuáticas. No tenían registro y tuvimos que tomar la decisión de hacer algo nuevo”, recuerda Luis Torres, capitán de Carabineros de la unidad Laboratorio de Criminalística (Labocar).

Así, Torres -quien es el único chileno perito subacuático y criminalista en Chile y Sudamérica, que cuenta con matrícula de buzo profesional-, creó Sumergi2, una organización gratuita que realiza buceo adaptado para personas con discapacidades físicas.

Conformado por más de cincuenta voluntarios, entre los cuales hay varios aspirantes a oficiales de Carabineros, que son alumnos del capitán en la clase de buceo, cada sábado por la mañana se reúnen para colaborar en la misma Escuela de Oficiales de Carabineros de Chile, que presta su recinto para el desarrollo de esta actividad.

1

“Esto nace en Europa, bajo el concepto de que todos somos discapacitados dentro del agua, porque nadie está entrenado para respirar en ese medio, por lo tanto, ese ambiente de ingravidez genera igualdad de condiciones. Da lo mismo que seas amputado o tetrapléjico, el requisito es aprender a respirar a través del equipo autónomo”, comenta el capitán para el sitio web del Museo Histórico de Carabineros.

En un país donde una de cada ocho personas son discapacitadas, es decir, el 12,9% de la población, en un principio, el capitán Torres utilizó un sistema de promoción individual. Para reunir discapacitados que quisieran participar en Sumergi2, hacía público su proyecto a cualquier persona con alguna de estas características que se le cruzara por delante. “Como esto es una oportunidad que quiero regalar, quería ver si tenían espíritu de lucha y competencia, que son necesarias para bucear”, explica el capitán.

Bajo el agua somos todos discapacitados

Óscar Ruiz es un caso único. Es un joven sordomudo y ciego, que se comunica con su madre a través de la palma de la mano. “Para algunos ya es complicado trabajar con ciegos, imagínense trabajar con un chico sordo y ciego”, comenta Ignacio Antillanca, un alumno de Sumergi2 y amigo de Oscarito -como le dice-, que también es ciego. “Él es dactilológico. Por ejemplo, aprendió a escribir en Braille y en el lenguaje común y corriente”, comenta Antillanca.

2

Claudio Barría quedó parapléjico en un accidente automovilístico a los 20 años de edad. Le encanta salir con sus amigos y viajar, pero no había podido desarrollarse en el deporte. “Antes de Sumergi2 yo realizaba rugby adaptado para sillas de ruedas. Lo jugué harto, pero me dolía mucho la espalda. En el agua es otra cosa”, cuenta.

Un día Barría fue al supermercado, donde se encontró con Luis Torres, quien le dijo: “Oye, la cara de triste que tienes, ¿qué te pasó?”, a lo que Barría respondió: “Si tú estuvieras así, ¿estarías contento?”; “Bien, te quedan mecanismos de defensa”, le respondió el instructor. “Hasta que me dijo que era buzo y que me quería invitar a participar”, cuenta Barría.

Aún medio desconfiado, el joven preguntó si era peligroso. “Mira, compadre”, le dijo el capitán, “si quieres aprender a manejar búscate a Eliseo Salazar, si quieres andar en moto búscate al ‘Chaleco’ López, y si quieres bucear, conmigo”.

Barría y Antillanca fueron seleccionados para ir a bucear a la Antártica, ya que, como asegura Torres, están listos para sumergirse en el mar, el desafío próximo que deberán enfrentar. Para esta experiencia, ambos cuentan con las herramientas necesarias y años de práctica, por lo que ese viaje será el “premio”, explica el capitán.

3

Un voluntario, una vida

Las clases de buceo adaptado comienzan a las 9.30 de la mañana todos los días sábado, en la piscina de la Escuela de Carabineros. Allí se reúnen kinesiólogos, voluntarios, buzos, niños, la familia y amigos del capitán, y un fotógrafo encargado de dejar registro de que “bajo el agua somos todos iguales”, como dice el lema de Sumergi2.

Ricardo Alsina y Marcela Torres son un matrimonio de voluntarios. Comenzaron en este deporte hace un año y ya llevan certificados más de 80 y 30 buceos, respectivamente. “Buceamos muy seguido. Es por eso que, en poco tiempo, hemos hecho tanto, vamos casi todos los fines de semana”, dice Torres, quien explica que un buzo profesional tiene más de cinco mil buceos certificados.

Ninguno de ellos sabía de la existencia de esta iniciativa. “Es que no existe publicidad, salvo lo que veas en Facebook o en algún video, porque no tienen un fin publicitario”, comenta Alsina. Él cuenta que se enteraron de Sumergi2 por Juan Pablo Navarro, buzo reanimador, que también trabaja como voluntario.

“Desde el año pasado vengo a ayudar a mi capitán. Soy buzo desde antes de entrar a Carabineros”, dice Dan Goldberg, aspirante a oficial de Carabineros. “Con él tenemos clases de buceo los lunes y los viernes, entonces, lo único que nos falta es la certificación”, dice.

Buceo en la Antártica

El capitán Torres también tiene la misión de certificar los equipos de buceo en las heladas aguas de la Antártica. Su primera misión en ese lugar ocurrió tras una tragedia. “Hace algunos años, fallecieron unos buzos mientras realizaban trabajos científicos con el doctor Gustavo Chang, quien es el líder de la investigación en la Antártica. Por eso necesitaban llevar un buzo, y me llevaron a mí”, recuerda Torres, quien ya ha realizado 62 buceos en esas aguas, y tiene el récord de profundidad, con 43 metros.

A cambio de su trabajo en la Antártica, el capitán recibe equipos de buceo, avaluados en alrededor de 25 millones de pesos cada uno. Actualmente, con los ocho equipos que posee, hace posible que los alumnos de Sumergi2 tengan los implementos necesarios  para bucear.

4

Para el financiamiento de este proyecto, el capitán Torres acudió al Senadis, pero nunca obtuvo respuestas, ni tampoco existió interés por su proyecto, explica. “Hasta el momento esto lo financio yo, nunca he recibido ayuda monetaria de nadie. Le hago clases de buceo a gente que tiene mucha plata, pero no les puedo recibir, porque no falta la persona con mala intención que diga que el capitán está haciendo negocios, por eso no cobro. ¿A quiénes les cobro? a mis alumnos particulares, y eso me sirve para pagar los gastos de acá”, explica Torres, mientras cuenta que llenar una botella de aire cuesta cuatro mil pesos, gasto mínimo para que un alumno pueda bucear.

Al capitán lo llamaron de un centro de buceo para realizar clases a personas con discapacidades físicas, pero lo rechazó porque, según él, era un negocio. E insiste en que, en Chile, él no cobrará por lo que hace. Para garantizar este modelo está desarrollando un programa con el Colegio de Kinesiólogos con el fin de crear la certificación nacional para el buceo con discapacitados. “Pero con una condición: Siempre va a ser gratis para los discapacitados. Nadie puede cobrar”, recalca Torres.

Revise más imágenes de esta iniciativa:

5

 

6

 

7

 

8

*Gabriela Santa María es alumna del Taller de LimónApps, de Periodismo, donde realizó este reportaje.

Comenta