Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

LimónApps | October 22, 2019

Scroll to top

Top

Rigth now get betting bonus from bookmakers
Sin comentarios

Marta Matamala, vocera de la Confech: Esta es su desconocida historia

Es sabido que Marta Matamala es uno de los principales rostros del movimiento estudiantil, pero pocos conocen que la mediática vocera de la Confech es hija de una ex nana y un conserje, y que lucha por mantener a raya un lupus.
Por Samuel Gutiérrez H. *

Marta Matamala (25) es la cara más visible de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech). Militante de la Izquierda Revolucionaria, que no comparte la postura del Partido Comunista, afirmó, tras la muerte del ex Presidente Patricio Aylwin, que “no estamos en posición de seguir esperando que venga la alegría”. La oradora por excelencia que no da su brazo a torcer, identificó a su generación como los “hijos de la falta de debate”.

El tiempo de las demandas se agota para esta carismática líder. En julio de 2016 dejará el sillón de la Confech y volverá a la Universidad de Santiago a terminar el año y medio que le falta para titularse como profesora de Historia. Ahora tiene congelada la carrera. “Lo único que quiero es que termine pronto su  dirigencia para que reanude su carrera -confiesa su mamá, Jimena Mejía-. El año pasado estaba estudiando, pero no le daba el tiempo para ir a clases y a reuniones, así es que le dije que congelara el primer semestre y se dedicara a la Confech, pero el segundo semestre retoma la carrera sí o sí”.

Desde pequeña Marta Matamala tuvo un rol activo en el ejercicio de cargos de dirigencia estudiantil: a partir de la presidencia de curso en la enseñanza básica del Liceo 1 Javiera Carrera, hasta la consejería de su facultad y el actual mandato que hoy ejerce en el mundo universitario como presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago (Feusach).

“Desde séptimo u octavo básico, siempre fui muy activa en mi curso, participaba en todas las actividades. Todo lo que se necesitaba hacer, lo hacía, porque era muy activista, para poder apañar en lo que se necesitaba”, comenta Marta Matamala acerca de sus inicios.

matamala

El presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (Feuc), Daniel Gedda, la conoce hace más de un año. “Debe ser una de las mejores dirigencias que ha tenido el movimiento estudiantil en el último tiempo. Marta tiene un carácter fuerte, que muchas veces puede esconder ironía, capaz de sostener una dirigencia. Además, tiene una gran experiencia y es muy transparente, lo que hace más fácil sintonizar con ella”.

Carolina Figueroa, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Diego Portales (Feudp), destaca su elocuencia. Ambas, junto a Camila Rojas, presidenta de la Fech, entraron al mismo tiempo a la Confech. Dice que espera ver a Marta Matamala en una carrera docente, “porque también voy a ser profesora, y me gustaría topármela como colega en algún colegio, y quizás siendo parte del movimiento social. Yo creo que va a seguir como dirigente, pero desde el movimiento social de profesores”.

Daniel Gedda la ve participando en política. Marta dice, sin embargo, que no seguiría un camino electoral: “no tengo la intención ni el interés”.

Marta Matamala nació en el Hospital San Juan de Dios, de Estación Central, y vivió hasta los tres años con sus dos padres en la casa de su abuela. Luego se cambió a una población de Pudahuel Sur y más tarde a Pudahuel Norte, donde vive hoy. Recuerda su infancia con nostalgia:

–Mi vida, como hasta los 12 años, fue súper familiar, de amigos de barrio, de conversar con los vecinos, de navidades populares, de tomar once en el pasaje. Son recuerdos muy familiares y muy de barrio.

En ese entonces, su mamá trabajaba de nana y su papá, Erasmo Matamala, de conserje.

–Yo viajaba a las comunas cuicas cuando mi mamá no tenía con quién dejarme y la acompañaba a su trabajo. Chica y todo, igual captaba las diferencias, si es cosa de mirar: la desigualdad en Chile es muy clara y uno lo puede notar.

Marta dice que era como ir a otro país. “La gente, los edificios, los autos, las calles, los colegios, todo era distinto: las condiciones en que se vivía entre un lugar y otro se diferenciaban en exceso”, recuerda.

Vasculitis y lupus

En 2010, cuando entró a la universidad y fue electa vocera de su generación, le diagnosticaron vasculitis, una enfermedad que acarreaba sin saber hacía cuatro años y que consiste en la inflamación de los vasos sanguíneos más pequeños. A los 14 años, su mamá la había llevado al médico para controlar su sobrepeso. “Un día apareció llena de pintas, y yo dije: ‘chuta, le dio la peste’, así es que la llevé a la doctora y me dijo que era algo más que eso”.

Tuvo una crisis en 2011, en plena movilización, y otra en 2013, luego de una serie de tomas estudiantiles. Terminó hospitalizada por un mes. Hace menos de dos años, finalmente, una biopsia arrojó que tenía lupus, una delicada enfermedad del sistema inmunológico.

Además de su familia y compañeros de carrera, Marta casi no habla de su enfermedad. Ni los integrantes de la Feusach ni de la Confech, saben de su condición, que revela solo en casos estrictamente necesarios.

–A mis compañeros de militancia les conté cuando estaba a punto de internarme en el hospital. Igual es por un tema de aceptación, pero además, cuando comencé a adquirir cargos de responsabilidad política, lo oculté para que no fuera una discusión pública. No es que no hable de eso, pero tampoco lo ventilo. En 2011 tuve que contarle a mis compañeros y, después de eso, siempre han estado pendientes, hasta fue tema para entrar a la Feusach.

Tuvo una crisis complicada en 2013, no solo por su intensidad sino porque también, en ese tiempo, su mamá fue despedida del laboratorio farmacéutico donde trabajaba, y perdió el beneficio de atenderse en clínicas privadas, lo que la obligó a tratarse en la Posta Central.

Su hermano menor, Jorge Matamala (23) lo recuerda:

–Es la situación más tensa que hemos vivido como familia. Tuvimos que hacer colectas, rifas, un montón de cosas para ayudar a sustentar el escenario en mi familia. A mi hermana los doctores le dijeron que hasta podía morir por culpa de eso. Fue muy difícil.

Marta dice que ahí entendió “el nivel de injusticia de estar condenado al sistema público”.

–La última crisis que tuve la pasé hospitalizada en una silla. 48 horas durmiendo en un pasillo te marca y te da rabia, pero al final, tú procesas eso y lo transformas en un discurso político.

Marta Matamala cree que si la gente realmente se diera cuenta de la crisis que existe en el servicio de salud pública, estarían todos manifestándose, pero esto no ocurre por la resignación a que “el sistema es así”. Haber sido atendida en una clínica y después ser trasladada a la Posta Central, le permitió conocer las dos caras de la moneda y sentir que podía impulsar cambios.

–Hoy día tendríamos la fila de enfermos que hay en este país haciendo barricadas, pero no lo hacen porque para ellos es algo cotidiano.

*Samuel Gutiérrez H. es alumno de Periodismo UDD y realizó este perfil en el Taller de Periodismo Interpretativo, en tercer año de la carrera, durante el primer semestre de 2016.

 

Comenta