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LimónApps | July 18, 2019

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Los olvidados: La crítica realidad de los adultos mayores de bajos recursos

Cada vez se hace más difícil envejecer en Chile: un servicio nacional para la tercera edad deficiente, escasas políticas públicas, pensiones indignantes y la discriminación constante hacia este grupo etario, hablan de un Estado y una sociedad que no se han hecho cargo de sus adultos mayores.

 Por Tatiana Neut y Paula Pinochet*

Según la última encuesta CASEN de 2015, actualmente viven 2 millones 800 mil adultos mayores en el país. Para mantener tan solo a uno se necesitan $700 mil, en promedio. Gran parte de ellos termina pasando sus últimos años en fundaciones, donde reciben una subvención estatal de $120 mil por cada residente, cifra que no alcanza para cubrir sus necesidades básicas de forma digna.

Luisa Torres tiene 86 años y hace diez que vive en el hogar Fundación Las Rosas en Independencia, donde debe compartir una habitación con cinco personas más. Su metro cuadrado está ocupado por una cama y un velador, pero no hay ningún recuerdo familiar que la acompañe, salvo su peluche “Toby” que ella misma se compró en la feria de las pulgas.

Desde niña ha tenido una vida complicada: a los cinco años quedó huérfana. Trabajó toda su vida para mantener a su único hijo que en contadas ocasiones la ha ido a visitar, y aún no conoce a sus cuatro nietos. “Uno se cansa de estar sola todos los días y no tengo a nadie que me acompañe”, relata.

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La señora Luisa Torres, residente de la Fundación Las Rosas

Este estado de abandono es aún más alarmante teniendo en cuenta que Chile está entre los países que más rápido envejece. Según el informe de Aging World 2015 de la oficina del Censo de Estados Unidos, la población mayor de 65 años se triplicará en 42 años, llegando en el 2058 a representar un quinto de los habitantes. ¿Está Chile preparado?

El cientista político Miguel Ángel Fernández afirma que no: “No tenemos los instrumentos de política pública suficientes, no existe la priorización de recursos por parte del Estado hacia este grupo de la población que va aumentando día a día y tiene necesidades muy distintas a los demás”.

Morir en la espera

Consuelo Moreno, coordinadora de la Fundación Oportunidad Mayor, asegura que “no ha habido hasta ahora un real compromiso de las autoridades políticas, sea el gobierno que sea, en asumir de manera integral el tema del adulto mayor y esto nos va a pegar en la cara muy fuerte. Si de aquí a 15 años no se toman decisiones drásticas, como por ejemplo, fortalecer al Servicio Nacional de Adulto Mayor (Senama) con recursos, con personas, con atribuciones, entre otros, el tema va a reventar”.

El subsidio para los hogares que entrega el Estado no es una ley, por lo tanto, puede terminar en cualquier minuto. Durante el gobierno de Sebastián Piñera se presentó un proyecto para convertirlo en ley, pero hasta hoy continúa en el Senado y, al parecer, no hay interés en sacarlo adelante.

La realidad de los adultos mayores de bajos recursos en Chile es crítica: La población envejece y no hay espacio para ellos. Actualmente, existe una lista de espera de 1.300 personas para ingresar a los hogares de Fundación Las Rosas. Lo único que pueden hacer es esperar a que un residente muera.

La principal vía de financiamiento de Fundación Las Rosas es a través de donaciones de empresas y privados, que cada vez aportan menos. Y como ya no tienen los recursos para mantener a los 2.200 adultos mayores que viven actualmente en sus instalaciones, el año pasado cerraron diez hogares.

Lorena Medel, encargada de comunicaciones de Fundación Las Rosas, explica que están en negociaciones con el Ministerio de Salud para obtener más recursos, ya que actualmente financian a 400 adultos mayores con $1.600 millones al año. “El Estado debería hacerse cargo de esto, sobre todo en su área de desarrollo social, así como se hacen cargo de los niños, de los pobres. Pero no es una prioridad”, señala.

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Lorena Medel, encargada de comunicaciones de la Fundación Las Rosas.

Un adulto mayor que vive en un hogar presenta, en promedio, ocho enfermedades, por lo que demanda variadas atenciones médicas. Fonasa ayuda a cubrir una parte del servicio, pero el año pasado se anunció el fin de ese aporte. Hoy, las fundaciones están luchando para que no se realicen esos ajustes.

Según datos de la Fundación Oportunidad Mayor, el 96% de los adultos mayores tiene cierto grado de dependencia para realizar sus actividades diarias, por lo que el gasto es aún mayor. El 54% de sus residentes se encuentra postrado, y necesita de alguien que los bañe y los alimente, entre otros servicios.

Falencias de la salud pública

Francisco Mendoza, geriatra de la Clínica Cordillera, asegura que la salud en el país es desigual, ya que en el sistema público el paciente siempre será dejado de lado porque no existen los recursos para cubrir sus enfermedades. “En Chile estamos muy atrás en comparación con otros países, ya que el gobierno recién está realizando programas para los adultos mayores. Desde el punto de vista comercial, nos conviene atender a las personas de la tercera edad que cuenten con un sistema de salud privado”, dice.

El Estado cuenta con algunos hogares, sin embargo, no aceptan personas con Alzheimer o enfermedades que requieran mayor asistencia, ya que en esos casos un cuidador puede hacerse cargo de tan solo tres pacientes, versus 20 adultos mayores que estén mentalmente sanos.

Mientras que el Estado pone restricciones en sus hogares de acogida, la Fundación Las Rosas es la única que no exige condiciones previas. Los costos hacen que cada vez se vuelva más difícil mantenerse. El 41% proviene de donaciones de personas naturales, los llamados “amigos” que son un apoyo fundamental para la institución. Existe una colecta nacional y el capellán mantiene constante contacto con las empresas privadas donadoras.

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Consuelo Moreno, encargada de comunicaciones de la Fundación Oportunidad Mayor, explica que la vejez no es prioridad en la política nacional. “Es porque los adultos mayores no salen a las calles, no incendian lugares, no tiran piedras, ni se meten encapuchados a La Moneda. Ellos son respetuosos, quizás han sido demasiado respetuosos. Es tiempo de que los adultos mayores tomen la voz y las riendas del asunto”.

Pero, ¿cómo sería esto posible si la mayoría de ellos presenta altos grados de dependencia? La desigualdad en el acceso a la salud y a la vivienda, el problemático sistema de pensiones y la constante discriminación son algunas de las diferencias que deben enfrentar los más vulnerables de la tercera edad en sus últimos años de vida.

Se necesitan años de trabajo para estar a la altura de países desarrollados en cuanto al cuidado de la tercera edad, en particular si no se cuenta con un adecuado plan de gobierno o políticas públicas eficientes. Por otro lado, es imprescindible que la sociedad genere conciencia de este crecimiento apresurado que está experimentando el país, para que las autoridades se hagan cargo.

Son las 5 de la tarde en un frío día de junio en la Fundación Las Rosas de Independencia, y Luisa Torres se prepara para su última comida antes de que la manden a dormir. Antes, en días como estos, Luisa solía esperar con ansias esta hora para compartir con el resto de los residentes en el comedor. Hoy, ya no tiene ni ganas de comer. “Ya no quiero nada, solo estar tranquila”, relata quitándose en su cama el único par de zapatos que tiene.

*Este reportaje interpretativo fue realizado en la asignatura Taller LimónApps, de la carrera de Periodismo UDD, dictada por el profesor Claudio Abarca durante el primer semestre de 2016.

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