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LimónApps | March 24, 2017

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Irrumpe la “Postverdad”: la peor noticia para el Periodismo en 2016

Elegida como la palabra del año 2016 por el Diccionario de Oxford, la Postverdad (post-truth, en inglés) surge como una seria amenaza a la integridad del Periodismo moderno.

Surgida al alero de “circunstancias en las que hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que lo que lo hacen los llamamientos a emociones y creencias personales”, la Postverdad irrumpe a poco de aprobarse el Brexit y se consolida en la reciente campaña presidencial norteamericana. “No es sorprendente que nuestra elección refleje un año dominado por un discurso político y social sumamente cargado”, señaló Casper Grathwohl, presidente del Diccionario de Oxford.

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Las noticias falsas en torno a las reales consecuencias económicas y políticas de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, y los mensajes anónimos, de amplio alcance, sobre escandalosas actuaciones de Hillary Clinton, consiguieron un inédito nivel de dispersión. Y un desconcertante nivel de credibilidad. De esta forma, la verdad dejó de ser relevante y fue reemplazada por una colectiva convicción emocional de certeza.

Para Pablo Boczkowski, doctor en estudios de Ciencia y Tecnología, las noticias falsas han existido tanto como las verdaderas. “Pero un elemento diferenciador del momento contemporáneo es la existencia de una infraestructura de información con una escala, un alcance y una horizontalidad en los flujos informativos sin precedentes en la historia”, afirmó el especialista argentino en su ensayo de Revista Anfibia.

“Facebook, por ejemplo, llega cada día a más de mil millones de usuarios. Esta infraestructura hace posible que la gente sea creadora de contenido junto con instituciones de medios establecidas, y no simple consumidora. Esto, a su vez, ha permitido oír voces antes silenciadas, no solo en sus lugares de origen sino también en todo el mundo. Le hemos dado crédito a estos cambios como contribuyentes en la ruptura de regímenes autoritarios, como en el caso de la primavera árabe. Pero estos mismos cambios son los que han hecho posible que una noticia falsa sobre el Papa Francisco respaldando la candidatura a Donald Trump fuera compartida miles de veces”, observa.

El concepto, asociado en primera instancia a contextos políticos, surgió en 1992 de la mano del autor serbio-americano Steve Tesich, en un artículo de la revista The Nation. Al referirse al escándalo de Irán-Contra y la Guerra del Golfo Pérsico, Tesich se lamentaba que “nosotros, como personas libres, hemos decidido libremente que queremos vivir en un mundo de postverdad”. Esa expresión no aludía, precisamente, a la acepción actual, sino al estado de vivir en un mundo “después de una verdad conocida”.

Para el respetado semanario The Economist, la postverdad política tributa del nuevo escenario de los medios. “La postverdad también ha sido fomentada por la evolución de los medios de comunicación. La fragmentación de las fuentes de noticias ha creado un mundo atomizado en el que las mentiras, los rumores y los chismes se difunden con una velocidad alarmante. Las mentiras que se comparten ampliamente en línea dentro de una red, cuyos miembros confían más unos a otros de lo que confían en cualquier fuente de medios convencionales, pueden asumir rápidamente la apariencia de la verdad. Presentado con evidencia que contradice una creencia que es muy apreciada, la gente tiende a desechar los hechos primero”, afirmaba en septiembre de este año, en la recordada editorial política “El arte de mentir”.

Según Boczkowski, ante este escenario, los medios de comunicación podrían reaccionar creando algoritmos que identifiquen fuentes recurrentes de información falsa en la web e impongan automáticamente a sus autores, restricciones sobre su capacidad de obtener ingresos publicitarios por tráfico, “eso traería una solución temporal a los intentos centralizados de desinformar de forma maliciosa”, dice.

Esta predicción debería ir acompañada, según el académico, de un esfuerzo aún mayor de los periodistas por “demostrar cada vez más al público la veracidad de las noticias, y denunciar la falsedad de las historias falsas. Es posible que esto no redujera la dependencia de noticias falsas entre aquellos predispuestos a creer lo que estas historias dicen, pero podría aumentar la concientización en el segmento menos comprometido del público”, sostiene.

Para el editor ejecutivo de The New York Times, Dean Baquet, la respuesta era sencilla antes de la elección presidencial en Estados Unidos. En una entrevista a la red pública NPR, y a raíz de la campaña de Donald Trump, afirmó que la clave no era decirle al público qué decidir. Si no, simplemente, identificar a quién miente. Lo que creyeron los votantes, ciertamente, fue otra historia.

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