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LimónApps | July 17, 2018

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“Huellas imborrables”: libro de Periodismo UDD vuelve a poner al SENAME en la discusión pública

La profesora Rosario Moreno, junto a estudiantes de 2do año de Periodismo UDD, recopiló las voces que durante una década nadie quiso escuchar: 85 testimonios de niños, padres, jueces, gendarmes, directores y funcionarios de centros que reconstruyen la desoladora cotidianeidad al interior del organismo encargado, justamente, de la protección de los derechos de niños y adolescentes.

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Su reseña dice que es “La historia jamás contada del SENAME”. Y con justicia. Desde la primera página del libro “Huellas imborrables”, testimonio de 85 personas relacionadas al cuestionado organismo, se presenta una realidad abyecta que con unos pocos días en librerías ha conseguido reinstalar el tema en los medios: golpizas, abusos sexuales, suministración indiscriminada de fármacos, prostitución infantil, suicidios y la desidia del Estado frente a la vulneración de los menores.

El origen del libro está enlazado al fallecimiento de Lissette Villa, el 11 de abril de 2016, en uno centro del Sename. La niña de apenas 11 años, se convirtió en la hebra que destapó 1.313 decesos entre 2005 y 2016 al interior de la institución y su caso remeció a Rosario Moreno, periodista y profesora en Periodismo UDD.

“Me impactó demasiado porque tengo una hija de esa edad. Pensé ‘tengo que hacer algo, esto no puede ser’ y decidí que el segundo semestre, el curso de Taller de Medios 2 (1er año) reportearía gente vinculada con el SENAME, para ver si accedían a las fuentes y si existía el material necesario”, explica.

Con el resultado de ese reporteo en sus manos, propuso la idea de trabajar en un libro a la carrera y a la Facultad de Comunicaciones de la Universidad del Desarrollo. La estructura elegida fue el relato en primera persona, como lo hiciera la premio Nobel Svetlana Aleksiévich en su libro “Voces de Chernóbil”. “Carolina Mardones (decana) y Karim Gálvez (directora de Periodismo UDD) me dijeron que eligiera a 10 alumnos de 1er año que entonces pasaban a 2do año. Al final cinco de ellos terminaron la investigación”, cuenta.

Se trata de María José Contreras, Catherine Cevas, Bárbara Echeverría, Alexandra Araus y Samuel Gutiérrez, ayudante del ramo y quien actuó como productor periodístico de la investigación. Durante 11 meses se reunieron una vez a la semana y se coordinaron por WhatsApp, para pactar entrevistas, reportear en los centros y buscar documentación de respaldo.

“Fue muy impactante como mejoraban los trabajos a medida que pasaba el tiempo. Son historias humanas, entonces el detalle es muy importante, porque no es lo mismo decir colación que yogurt. Tenían que preguntar todo, no se les podía pasar nada. Llegaban con el reporteo y los enviaba de vuelta a recoger más datos”, recuerda la profesora.

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Bárbara fue una de las estudiantes que estuvo encargada de entrevistar a jóvenes que estuvieron en el Sename, padres de hijos que están o han estado en la institución, educadores de trato directo (también conocidos como “tíos”), gendarmes, ex directores de centros, jueces de familia de distintas regiones, niños que actualmente están dentro del servicio, supervisores técnicos, e incluso a un cocinero de un centro.

“Muchas de las personas que contactábamos no querían hablar, ya sea porque vivieron cosas muy fuertes dentro o porque seguían trabajando en la institución y tenían miedo de perder sus trabajos. Por lo mismo, teníamos que persuadirlos para lograr hacerles la entrevista, o bien conseguir otra fuente”, cuenta la alumna, hoy en 3er año de Periodismo.

El protocolo de entrevistas fue estricto. Primero, nunca entrevistar a alguien que estuviera drogado, que es algo común en el caso de estos jóvenes y sus padres. Segundo, hacer las entrevistas en un centro o en un lugar público. Tercero, dejar siempre en claro a la fuente que se trataba de una investigación y que se convertiría en un libro, además, de la posibilidad de hablar en “On” o en “Off”.

Otra de las alumnas, Catherine, entrevistó a gendarmes, jóvenes, papás, jueces y educadores, entre ellos a un educador conocido por los menores como “El tío Nazi”, quien en su testimonio reconoce el uso de la violencia de forma sistemática por parte de los educadores, quienes, se supone, son responsables de proteger a los niños.

“La mayor dificultad fue buscar personas relacionadas con los centros que quisieran dar una entrevista, porque la mayoría vivió malas experiencias y no quieren revivirlo. Fue duro escuchar y preguntar a tanta gente que sufrió, que fue abusada, golpeada y que trató de suicidarse, sin involucrarse al punto de que te empiece a afectar. Pero creo que logramos llegar a las personas y generar esa conexión en una entrevista que marca la diferencia, porque es fundamental que la fuente confíe en ti para que te pueda hablar de este tipo de temas”, dice.

Rosario Moreno dice que los alumnos fueron muy maduros y que esta experiencia los formó en el periodismo de investigación. “Es como estar en la guerra, cuando uno le exige a los alumnos, ellos dan el 200%. Además teníamos súper claro que el foco era poner el tema en la discusión pública y que este libro sería un aporte fundamental -el diagnóstico real, de la calle, no hecho en una oficina-, de esta cruda realidad”.

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