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LimónApps | July 26, 2017

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El Periodismo estadounidense saca lecciones del triunfo de Trump en tiempos de la posverdad

Fernando Pizarro, periodista de Univisión; Edward L. Carter, director de la Escuela de Comunicación en Brigham Young University; y Myriam Ruiz, coordinadora de la Pasantía en EEUU de Periodismo UDD, analizan el difícil escenario del periodismo en una época donde más información no significa mejor información. 

eeuu

Fue palabra del año en 2016. La posverdad, neologismo que explica la formación de la opinión pública a partir de información falsa, noticias exageradas y rumores en las redes sociales, fue acuñado a principios de esta década por David Roberts, pero recién el año pasado se convirtió en una de las claves para explicar fenómenos sociales sorprendentes como los triunfos de Donald Trump en EEUU, del Brexit en Reino Unido y del “No” a la Paz en Colombia.

En su visita a Periodismo UDD, Fernando Pizarro, periodista de Univisión y Edward L. Carter, Director de la Escuela de Comunicación de la Brigham Young University, tocaron este tema que sigue siendo un dolor de cabeza para los medios de comunicación serios en EEUU. Sin ir más lejos, el presidente estadounidense no ha dejado de gobernar mediante su cuenta de Twitter y le ha declarado la guerra a medios que no son de su simpatía, como CNN, The New York Times, BuzzFeed, The Daily Mail, BBC, Los Angeles Times y New York Daily News.

¿Cómo los estadounidenses llegaron a esto? “La prensa aprovechó la oportunidad de sacar partido a sus propios intereses, porque Trump llamó mucho la atención como candidato. La elección benefició sus ratings, sus subscripciones y los pagos por publicidad. Pero por otro lado, perdieron la confianza de la gente, que no cree en toda la información que se publica. Es un tiempo para examinar el rol de los medios en la elección y cómo se puede evitar este error en el futuro”.

La reflexión de Edward L. Carter apunta a cómo la estrategia de Trump, de difundir información falsa sobre la candidatura demócrata, no fue revelada con fuerza por los medios de comunicación. CNN le dio muchas horas de cobertura porque era un fenómeno muy atractivo a pesar de su mensaje violento y fundamentado en sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio, decir que China estaba engañando a EEUU, y que los inmigrantes eran violadores.

Fernando Pizarro, periodista nacido en Chile y quien ha cubierto nueve ciclos electorales y 8 convenciones políticas para Univisión en EEUU, da fe del tipo de elección que se vivió el año pasado. “Fue una elección muy diferente, por el factor entretenimiento y de falta a la verdad”, advierte.

Se aguantó mucho que uno u otro candidato faltara a la verdad. Faltó que la prensa buscara esa verdad y desarticulara las mentiras que se dijeron. A pesar de eso, a parte del electorado no pareció importarle, porque finalmente mayor información no significa que las personas estén más informadas. Hay un porcentaje de ‘alternative facts’ que son diseminados por medios cercanos a Trump, noticias tendenciosas que agarran vuelo, y en contrapartida, él empezó a hablar de ‘fake news’ para deslegitimar información que no le favorecía”, explica Pizarro.

El tema es de alta complejidad en un país donde la libertad de expresión está en la primera enmienda de la Constitución y en el ADN de los estadounidenses. La misma libertad de expresión que permitió al Presidente Trump instalar en su discurso el cuestionamiento a los medios, como canales que informan sesgadamente sobre la realidad y que incluso pueden inventar noticias para perjudicarlo.

Myriam Ruiz lo vivió in situ, mientras dictaba clases en la Brigham Young University durante el semestre pasado y cubría las elecciones con los alumnos de Periodismo UDD. “Los académicos y expertos no podían creer que su país hubiese llegado a un escenario así, dado que los medios siempre han sido respetados como un cuarto poder. Por eso muchos de ellos están dedicados hoy a analizar qué fue lo que pasó en la sociedad norteamericana, que en algún minuto la gente comenzó a dudar de los medios y a creerle a Donald Trump. Todos tienen claro que es necesario defender la verdad en todos los escenarios pero hay algo que todavía no se entiende bien y que es lo que hizo ganar la presidencia”, reflexiona.

La profesora encargada de la Pasantía en EEUU agrega otra variable que ha influido, no solo en la elección, sino en la forma en cómo se informan las personas hoy en el mundo. Las redes sociales le han quitado poder a los medios en relación a la hegemonía de la “verdad” rompiendo cercos informativos en países bajo dictaduras, pero también permitiendo sucesos como en de Paul Horner, creador de webs de noticias falsas contra Obama y a favor de Trump, tan bien posicionadas en Google, Facebook y Twitter, que Trump no dudó en viralizarlas.

Las redes sociales cambian un poco el rol de la prensa. Es un hecho que ayudan a que todo el mundo sepa al instante lo que pasa, pero los medios deben profundizar en el por qué o para qué de ese asunto. Los periodistas ya no están a cargo de informar solamente, también deben contextualizar y verificar la información, porque la gente suele creer que todo lo que aparece en redes sociales es verdad, y aunque no lo sea, lo saben al instante y se quedan con eso”, indica Myriam.

Fernando Pizarro es categórico respecto al efecto de las redes sociales en el periodismo: “Las redes sociales le han hecho un mal favor a la verdad, la gente repite cosas en Twitter y Facebook, sin leerlas bien. No quiero sonar como dinosaurio, pero es un subproducto negativo, aunque es interesante lo que Facebook quiere hacer para frenar las noticas falsas”.

 Mark Zuckerberg no es el único interesado en combatir la información falsa en su red social. Los medios de comunicación estadounidenses acusaron el golpe, y están tomando cartas en el asunto. The Washington Post publicó un inserto dedicado a los 100 primeros días de la presidencia de Donald Trump con todos sus tweets, contrastando sus cambios de opinión y las falsedades que ha difundido.

Según Edward, el cambio ha sido muy brusco y los principales medios han debido buscar nuevas estrategias para robustecer el periodismo de calidad. “Se ha contratado más gente para cubrir temas que van a ser relevantes. Por ejemplo, The New York Times y The Washington Post han reestructurado sus equipos de inmigración. Esto requiere liderazgo, porque deben invertir para que los periodistas puedan hacer su trabajo en profundidad, destinando meses para investigar y publicar un solo artículo, porque vale la pena. Recordemos que los periodistas de The Washington Post estuvieron muchos meses investigando Watergate”.

A pesar de estos esfuerzos, surge la pregunta sobre la recepción de la información. La ciudadanía no cuenta con las herramientas para diferenciar la calidad de la información, menos aún para hacer una lectura crítica de lo que recibe a través de las redes sociales. Particularmente en EEUU, el informe A nation at Risk, advertía en 1983 sobre deterioro de la calidad de la educación, algo que hace algunos años confirmó el documental Waiting for Superman. La crítica apunta a que, a pesar de aumentar el presupuesto en educación, en EEUU se ha sobrevalorado la tecnología y la administración, dejado de lado variables pedagógicas, la comprensión lectora y el pensamiento crítico. 

La profesora Myriam Ruiz concluye que la educación en la formación de ciudadanos críticos, es crucial. “Es fundamental que desde niños seamos educados en la lectura crítica de medios, porque nos da herramientas para ser independientes en nuestra forma de pensar y para diferenciar las mentiras, la propaganda o incluso campañas de desinformación intencionadas. Pero tener lectores más críticos también nos desafía como periodistas y a los medios, a ser más rigurosos en la investigación y verificación de los datos, porque el público tendrá mayores exigencias en un mundo en que la información de calidad es un bien cada vez más preciado”.

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